La Larga Carrera

Por Tamekia Reece

El 11 de septiembre de 2011, Derek Fitzgerald caminaba lentamente en medio de la calle. Estaba agotado y respiraba con dificultad. Su corazón latía con fuerza. Acababa de cruzar la meta de la carrera Travis Manion 9/11 Heroes Run. Muchos cruzaron la meta ese día, pero ninguno tenía en común la increíble historia de Derek.

Apenas ocho meses antes, correr le era imposible. Derek estaba tendido en una cama de hospital a causa de insuficiencia cardíaca terminal, esperando que el corazón de un donante estuviera disponible a tiempo para salvarle la vida.

Es por lo que cruzar esta meta significó tanto. “Fue una sensación de logro”, recuerda el residente de Doylestown, Pensilvania, quien ahora tiene 44 años. “Se sentía magnífico estar bajo el sol, correr, estar activo, hacer algo que nunca pensé que sería capaz de hacer”, dice.

Un año difícil se vuelve aún más difícil

Los problemas cardíacos de Derek comenzaron por causa del cáncer. Fue diagnosticado con linfoma no Hodgkin a la edad de 30 años, cuando los médicos le encontraron un tumor del tamaño de un pomelo en el intestino delgado. En mayo de 2004, después de varias sesiones de quimioterapia, le declararon el cáncer en remisión.

Unos meses más tarde, comenzó a tener problemas para respirar. Pensó que se debía a que estaba fuera de forma después de padecer de cáncer. Pero un día, mientras estaba sentado en una colina, tratando de buscar aliento, supo que se trataba de algo más. Cientos de veces, Derek había caminado cuesta arriba la colina entre el estacionamiento y su lugar de trabajo. Ese día, sin embargo, llegó a mitad de camino y tuvo que parar. “Mi respiración sonaba como un tubo de succión de saliva en la oficina del dentista”, comenta. “Gorgoteaba y sentía como un estallido, y tuve que encontrar un banco cerca donde sentarme para recuperar el aliento”, añadió.

Durante los siguientes meses, fue varias veces a la sala de emergencias. A pesar de muchos diagnósticos, que incluían neumonía y pleuritis, sus problemas respiratorios continuaron. No fue sino hasta que un cardiólogo lo visitó en su cama de hospital que finalmente supo lo que estaba mal. Fitzgerald recuerda: “Me dijo: ‘Derek, sé que has tenido un año difícil, pero me temo que tengo más malas noticias. Tienes insuficiencia cardíaca’”. Supo que uno de los medicamentos de su régimen de quimioterapia, la adriamicina (doxorrubicina), puede causar daño cardíaco en algunos pacientes.

En el caso de Derek, le causó miocardiopatía dilatada (MCD), una enfermedad en la que el músculo cardíaco se estira y se debilita tanto que disminuye la capacidad del corazón para bombear sangre al resto del cuerpo. Esto puede causar insuficiencia cardíaca.

La MCD puede heredarse de los padres o ser causada por una serie de factores, como enfermedades cardíacas, hipertensión mal controlada, abuso de alcohol o cocaína, exposición a ciertos metales pesados y, como en el caso de Derek, dos medicamentos utilizados para tratar el cáncer.

Aunque el corazón le estaba fallando, no lo pusieron inmediatamente en la lista de espera para trasplante de corazón. Le recetaron medicamentos, le recomendaron que hiciera ejercicio y que mejorará su alimentación. Las opciones de tratamiento para la MCD se limitan a tratar la causa de la insuficiencia cardíaca, si es posible, a controlar los síntomas y a evitar que la enfermedad empeore.

“Salvo realizar un trasplante de corazón, no había cura para mi enfermedad, y para poder obtener ese trasplante, la insuficiencia cardíaca debía estar en la etapa terminal”, dice Derek. La insuficiencia cardíaca en etapa final es aquella en la que los tratamientos ya no funcionan y las únicas alternativas son un dispositivo de asistencia cardíaca implantado o un trasplante de corazón.

Al empeorar su insuficiencia cardíaca, Derek comenzó a sentir como si estaba siendo noqueado en la duodécima ronda de una pelea de peso pesado, aunque aún se mantenía de pie. “Era como si el mundo empezara a girar. Sentía como si tuviera dos pesas de 5 libras colgando de cada pulmón. Mis manos se sentían pesadas y caían a los costados. Sentía la barbilla pesada y se caía sobre mi pecho, por lo que tenía que encontrar un lugar para sentarme mientras el mundo giraba a mi alrededor”, dice.

Inicialmente, los episodios duraban solo 30 segundos, pero con el tiempo, duraban más. A mediados de 2010, los síntomas ocurrían de 23 a 24 horas por día. La insuficiencia cardíaca había llegado a la etapa terminal, y fue incluido en la lista de trasplante de corazón, casi siete años después de su diagnóstico.

Cuatro meses después, Derek estaba en el hospital en mal estado. No podía pararse ni caminar, y aunque pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo, no podía acostarse. “Me mantenían elevado porque el corazón no era lo suficientemente fuerte como para sacar los líquidos de mis pulmones. Si me acostaba, podía ahogarme en mis propios fluidos corporales”, recuerda. Sin un trasplante de corazón, no se esperaba que durara mucho más.

Posteriormente, el 3 de enero de 2011, el coordinador de trasplantes entró en su habitación para decirle que habían encontrado su nuevo corazón.

Una caminata se convierte en una carrera

Ocho meses después, Derek cruzó la meta de su primera carrera de 5k. Después del trasplante, asistió a rehabilitación cardíaca. Empezó arrastrando los pies, progresó hasta poder caminar y, finalmente, pudo mantener un trote lento. Durante uno de sus trotes, experimentó la euforia del corredor. “Todos estos sentimientos y recuerdos de cómo se sentía estar sano volvieron a mi memoria porque los había olvidado”, expresa.

“En ese momento, sabía que quería hacer todo lo posible para honrar a mi donante y continuar sintiendo lo que acababa de sentir”. Convertirse en corredor era un objetivo noble; Derek no era precisamente atlético. Había sido activo en sus años de juventud, pero dejó de ejercitarse cuando ingresó a la universidad y al mundo laboral. Antes de ser diagnosticado con cáncer, Derek tenía sobrepeso y estaba fuera de forma. Mientras trataba de progresar, su mayor desafío fue físico.

Su resistencia cardiovascular y la fuerza en sus extremidades no eran suficientes, y a medida que mejoraban no progresaron al mismo ritmo. “Algunos días, sentía que mi corazón y mis pulmones podían haber recorrido millas y millas, pero mi cuerpo no era lo suficientemente fuerte como para mantener ese ritmo”, comenta. “Otros días pasaba lo contrario, me parecía que las piernas, los brazos y el torso se sentían bien, pero cardiovascularmente aún no lo estaba”. Tuvo que ser paciente y persistente, pero siguió sin darse por vencido hasta que, finalmente, cruzó la primera meta.

Eso fue solo el principio. Desde su trasplante, Derek ha participado en más de 80 eventos de resistencia, como maratones, triatlones, un paseo en bicicleta de 4,400 millas por todo el país y varios triatlones Ironman de media y larga distancia.

En 2013, se convirtió en el primer (y único) receptor estadounidense de trasplante de corazón y sobreviviente de cáncer en completar un evento Ironman: un recorrido de natación de 2.4 millas, un recorrido en bicicleta de 112 millas y una carrera de 26.2 millas. “Cuando entré en el óvalo olímpico [cerca del final de la carrera] y escuché a la multitud, fue abrumador saber que había sido capaz de llevar el corazón de mi donante a 140.6 millas”, recuerda.

Seguir avanzando

Existe el debate en la comunidad médica si la carrera a larga distancia es una buena opción para los pacientes cardíacos. Paul D. Thompson, M.D., jefe de cardiología y director del Programa Cardíaco de los Atletas en Hartford Hospital en Connecticut, dice que el ejercicio ideal es el que la persona puede hacer, ya sea recorrer distancias cortas, largas distancias o algo completamente diferente.

“Desde el punto de vista cardíaco y de supervivencia, mi recomendación normal para los pacientes cardíacos es que obtengan un beneficio cerca del máximo de 75 minutos de carrera a la semana”, dice. “Sin embargo, si correr maratones llena sus vidas, les permito hacerlo [si es que están lo suficientemente sanos]”.

Los aspirantes a corredores siempre deben obtener la aprobación de sus médicos y asegurarse de entrenar de manera segura. El equipo de cardiología de Derek siempre estuvo al tanto de su actividad física. Al principio de su entrenamiento, se inscribió con Team in Training, un programa de entrenamiento de resistencia que recauda fondos para la Leukemia & Lymphoma Society. Los entrenadores se aseguraron de que su entrenamiento no fuera demasiado extenuante. Lo que es aún más importante, cuando Derek sale a correr, no se excede. “No soy un atleta rápido. Me gusta finalizar lo que empiezo, pero no soy un competidor”, dice.

Es una buena actitud para los pacientes cardíacos, dice el Dr. Thompson. “Aunque el ejercicio reduce el riesgo de sufrir un ataque al corazón o muerte súbita a largo plazo, cuando se está en medio de hacer ejercicio, el riesgo aumenta porque el corazón está trabajando más en ese momento”, explica.

Los corredores con problemas cardíacos deben prestar atención a sus cuerpos y evitar excederse demasiado. “Debe decirle a su médico si tiene dificultad respiratoria más grave de lo que espera, incomodidad en el pecho o en cualquier lugar, desde los dientes hasta el ombligo, o la incomodidad que se produce con el ejercicio y disminuye cuando disminuye la intensidad”, dice el Dr. Thompson.

Aunque es atemorizante pensar que el ejercicio puede aumentar el riesgo de tener otro episodio cardíaco, eso no significa que las personas con enfermedad cardíaca no deben hacer ejercicio. Por lo general, los beneficios superan los riesgos. Según el Dr. Thompson, las personas que participan en un programa de ejercicios estructurado (como en rehabilitación cardíaca) después de un episodio cardíaco pueden reducir en aproximadamente el 20% el riesgo de padecer episodios cardiovasculares posteriores. Y aquellos que estuvieron físicamente activos antes de sufrir trastornos cardíacos tienen mejores pronósticos y tienden a recuperarse más fácilmente”, agrega.

Para Derek, el ejercicio, particularmente correr, se ha convertido en un modo de vida. Entrena siete días a la semana, y se mantiene en forma para participar en los tantos eventos de su calendario, ya sea una carrera de 5k para disfrute personal, un maratón de recaudación de fondos para una organización caritativa o un triatlón para aumentar los conocimientos sobre enfermedades del corazón o linfoma. Además, está ayudando a otros a cosechar los beneficios de la actividad física. La Recycled Man Foundation, una organización que fundó en 2012, ayuda a las personas que han tenido problemas de salud serios a mejorar la calidad de vida mediante el ejercicio.

Cuando se le preguntó por qué lo hace, Derek dice que la verdadera pregunta es cómo no hacerlo. “No hay un día en que no me despierte y agradezca a mi donante, sea quien sea que haya sido esa persona, por tener el valor, la generosidad y la compasión para salvarle la vida a un extraño”, dice. “Asumí el compromiso de hacer todo lo posible para honrar a mi donante y ser el mejor cuerpo receptor del regalo que, él o ella, dejó”. Correr es una de las muchas maneras en que lo hace.

 

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